sábado, 18 de noviembre de 2017

Nada personal

No es algo personal, no. Si fuese algo personal o aislado, un pensamiento de odio individual, si solo fuese eso, no estarían las redes sociales revolucionadas, enfadadas, exigiendo justicia, incrédulas ante lo que en estos días ha sucedido en un tribunal y enviando mensajes de decepción e impotencia, rabia ante lo sucedido y, por otro lado de empatía hacia la persona que sufre.

Se trata del juicio contra “la manada” responsable de la violación de una chica de 18 años durante los San Fermines de 2016. Esa noche, una chica, después de la jornada de fiesta, se iba  en busca del coche en el que ya descansaba su amigo, con quien había venido a pasar estas populares fiestas desde Madrid. Durante el trayecto se topó con un grupo de chavales sevillanos, aparentemente majos, que se ofrecieron a acompañarla para que no fuese sola y ella, algo ebria (como es normal en un evento como este), no vio ninguna mala intención, es más se sintió hasta agradecida; ella ni se enteró de que cuando los chicos pararon un momento en un hotel para preguntar si tenían habitación libre, era porque ya habían planeado la violación; ella tampoco consideró que el hecho de darse cuatro besos con uno de ellos supusiera directamente para estos animales “quiero sexo consentido con todos vosotros a la vez”. Tampoco pudo imaginarse ella, al menos al principio, que al entrar con ellos  en un portal pasaría todo lo que iba a pasar, ni que el silencio y la pasividad en los que se sumió mientras era obligada a hacer felaciones mientras que la penetraban anal y vaginalmente, claramente producidos por el alcohol, el miedo y el shock, sería utilizado después en su contra.

Esta chica, durante el juicio de esta semana, no solo ha tenido que revivir después de dos años todo lo ocurrió, sino que se ha visto obligada a enfrentarse con algo que muchas veces creemos extinguido pero que está más vivo que nunca: el patriarcado. Al parecer, familiares de los acusados contrataron a un detective privado para que investigara cómo había sido la vida de esta chica días después de la violación, con la intención de demostrar que ésta había estado muy activa en sus redes sociales y que nada sugería que hubiese vivido un hecho traumático. Esa “investigación” fue admitida a trámite como prueba para el juicio. ¿Qué respondió la víctima ante esto?  Pues que, tal y como han corroborado varios psicólogos, en estos casos en los que se vive un hecho traumático, para salir de ese shock o bloqueo, es necesario hacer vida normal, no encerrarse en uno mismo, además, le aconsejaron que, para que nadie la asociara con la violación de los San Fermines, que ya por sí sola era una noticia muy mediática en esos momentos, lo mejor era actuar con normalidad ante su entorno. Y eso hizo.
Por favor, antes de seguir, mirad el vídeo de este enlace:
LOLA. "Nosotras sí somos manada".
El caso es que este es el mundo al revés: por un lado, esta chica debe demostrar que realmente es una víctima, cuando existen vídeos, testigos y pruebas médicas que son más que suficientes para respaldar este horrible hecho y señalar a esos cinco animales como culpables de un grave delito. Por otro, la chica se ha tenido que enfrentar a tres juicios hacia ella: primero, si su conducta previa a la violación incitó a que ellos dieran rienda suelta a su violencia y, por lo tanto, si de algún modo esa violencia está justificada; segundo, si su conducta durante la violación fue la correcta, ya que parece ser que si no dices un “no” claro o no chillas o te resistes, si actúas de cualquier forma que no sean estas, es que sí quieres tener sexo con cinco tíos, y por lo visto, el silencio, el miedo y la pasividad son sinónimos de que te los estás pasando bomba mientras te penetran por todas las partes de tu cuerpo; y tercero, si su conducta posterior a la violación fue la adecuada en estos casos, es decir, que cuando te violan, si quieres que te crean, solamente puedes llorar, desear morirte, encerrarte en casa y hundirte emocionalmente, si intentas salir adelante y pretendes hacer vida normal, puede que hayas exagerado los hechos.
A todo esto, los cabrones de los agresores habían dejado a la chica incomunicada, robándole el teléfono móvil, según ellos, para venderlo y con lo que sacaran poder seguir con la fiesta…
¿Y ellos qué? Siguen convencidos de que la chica se lo pasó genial, sin tener en cuenta el incidente del teléfono móvil, y piden respeto y privacidad en lo que se refiere a mostrar sus rostros. No es nada personal, ¿eh? Pero estando tan convencidos de lo que puede ser divertido, espero que disfruten en la prisión mientras sus otros compañeros de módulo, sin preguntar si les apetece ni pedirles permiso, porque damos por hecho que estas cosas les encanta, les practiquen sexo anal uno detrás de otro. Tampoco es nada personal esto pero, creo que la gente debe saber quiénes sois:



Y a ella, solo decirle una cosa: YO TE CREO.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Algunas generalizaciones sobre las Millennials

Las mujeres Millennials, del Milenio en castellano, o también llamadas de la Generación Y o Generación Peter Pan, pertenecen a ese grupo de personas nacidas entre 1981 y 1995. Son las que siguen a las Generaciones X y Baby Boomers, criadas entre conflictos bélicos e inestabilidad económica. Quizás por eso, por haberlo tenido más fácil que sus predecesores, Millennials son sinónimo de malcriados. ¿Qué pensaís?

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Yo pertenezco a esa generación de mujeres Millennials y sí que debo decir que lo hemos tenido todo mucho más viable a nivel social, laboral o estudios que las que han vivido en otras generaciones y que, tal vez, muchas de nosotras se hayan acomodado en esa vida fácil que se nos presenta en la actualidad. Siempre he pensado que nuestras abuelas sufrieron la desigualdad de género, limitándose su presencia al hogar, nuestras madres lucharon por escalar a nivel social y laboral y nosotras nos estamos beneficiando de esa costosa evolución pero no valoramos realmente todo el esfuerzo que nos ha precedido ni continuamos esa lucha con la misma intensidad. Pero bueno, eso es una opinión personal, las catalogaciones generacionales de los antropólogos son las que se encargan de sacar algunas generalidades para todas nosotras, generalidades que se supone que nos identifican y nos distinguen y diferencian de nuestras predecesoras. Veamos si nos sentimos identificadas con algunas de éstas características atribuibles para todas las Millennials que he ido catalogando:
1.  Utilizamos tiempo para nosotras mismas como forma de sentirnos felices. La felicidad la encontramos en nuestro ocio individual; podemos hacerlo solas o acompañadas pero siempre buscando el bienestar individual. Tal vez una sesión de pilates, un día de campo o playa o una tarde de película. Sí, totalmente de acuerdo: hoy en día disponemos de poco tiempo y éste está muy valorizado, priorizamos lo que realmente sabemos que nos va a hacer sentir bien. Y ojo, eso  no es egoísmo.
2.  Amamos sin tabú y disfrutamos plenamente de nuestra sexualidad. Hace unas décadas, si le proponías juegos o revelabas tus gustos  abiertamente a tu pareja o si tenías relaciones esporádicas con hombres o mujeres distintos eras una guarra. Por suerte, a pesar de que las propias mujeres somos a veces nuestras peores enemigas y nuestro freno para evolucionar en ese sentido, vivimos en un momento y una sociedad en la que no tenemos la necesidad ni el pudor de ocultar nuestras preferencias sexuales a nuestra pareja, disfrutamos esa intimidad y comunicamos  lo que queremos sin sentirnos avergonzadas. Pocas son las Millennials que se preocupan por “el qué dirán”. 

3.  Tenemos libertad de decisión. Si hay que decir algo, se dice. Decidimos, temas sencillos o importantes, sin temor a las consecuencias. Con esta afirmación no estoy del todo de acuerdo; si lo aplicamos al ámbito laboral, la libertad de decisión para cambiar de puesto de trabajo sin miedo a lo que venga no es precisamente “libre”, porque también somos la Generación Hipotecada y la seguridad también es algo que nos marca. No todas tenemos la suerte de lanzarnos a la aventura con decisiones locas y espontáneas.

Imagen relacionada4.  Estamos conectadas a redes sociales. Ahí no discrepo para nada. Somos la primera generación que sufrirá una evolución en su dedo pulgar de tanto tiempo que dedicamos a la pantalla deslizante y a escribir por los chats. Qué lejos queda el tiempo que esperábamos en cargar un ordenador; ahora buscamos inmediatez: si el Facebook tarda más de tres segundos en abrirse, nos desesperamos. Muy pocas serán las que no utilizan las redes sociales para compartir sus gustos, experiencias y contactar con amigos y familiares.

5.  Somos mujeres profesionales. Sí,
estudiamos, nos preparamos durante años para buscan un trabajo que pueda ser parte del plan para lograr nuestras  aspiraciones. Somos personas muy ambiciosas. Tenemos aspiraciones y buscamos un estilo de trabajo que se adapte a nuestras necesidades. Y sobre todo, nos interesa un trabajo para ser feliz y sentirse realizada, aunque debo decir que es muy difícil lograrlo. Esto también está un poco reñido con la desigualdad laboral en cuanto a género y el machismo que existe en las empresas; las mujeres siempre lo tendremos más difícil que los hombres en el camino al éxito, porque todavía pulula esa idea de que contratar a una mujer trae más problemas y el éxito en el trabajo y la maternidad es la gran encrucijada de toda mujer Millennial.
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6.  Seguridad en nosotras mismas. Esto es más una cuestión de carácter, pero el hecho de ver cómo el mundo se hace cada vez más cómodo y accesible tiene una enorme influencia. Las mujeres millennials son seguras de sí mismas, según la organización PricewaterhouseCoopers (PwC). El país en donde se encuentran las mujeres más seguras de sí mismas de esta generación es Brasil (76%), La India (76%) y Portugal (68%).

7.  A una Millennial le  interesa mejorar la vida de los demás. Dicen los expertos que se interesan por los demás y por qué hacer para ayudarlos a tener una vida mejor; se preocupan por los efectos de las cosas; prefieren poner en práctica la colaboración. Lo cierto es que en este punto también discrepo, más tratándose de una generación en una sociedad cada vez más individualista y competitiva. Y como antes he dicho: nosotras somos nuestras peores enemigas.

8.  Deseamos un trabajo que nos haga sentir realizadas. Como somos una generación obsesionada en encontrar la felicidad, parece que nos importa trabajar por nuestras propias metas en un lugar que nos haga feliz e inspire a mejorar. Somos muy soñadoras, pero eso nos motiva a seguir cada día. Sin embargo, como ya he dicho antes, la felicidad nunca será plena: para sentirnos completamente realizadas en nuestro trabajo, tendremos que renunciar a otras aspiraciones del ámbito personal. Aunque hay dos ventajas en este sentido y es que cada vez hay más mujeres dispuestas a eso y, por otro lado, el trabajo nos absorbe tanto que en muchos casos forma parte de nuestras vidas, por lo que tampoco parece tan “duro” el luchar por esas metas laborales.

9.  Somos críticas y exigentes.
Al utilizar mucho las redes sociales, comentamos continuamente sobre productos y experiencias. De acuerdo a datos del portal Forbes, un 86% de los consumidores de esta generación dejaría de hacer negocios con una empresa por una mala experiencia de cliente. Además, toman en cuenta los comentarios hechos en las webs digitales para confiar en una marca. Sí, sí, eso es muy millennial, lo garantizo.

10.  Tener un trabajo es un medio no un fin para ti. Volviendo a otro punto del tema laboral (el tema laboral es muy importante en las mujeres Millennials, se nota ¿no?), ser de la generación millennials significa tener como prioridad evitar trabajos indeseados. El trabajo significa para nosotras un medio para realizar nuestros sueños. Trabajos indeseados son los que tienen horarios rígidos con jefes que no son líderes y que no permite avanzar en línea de carrera. A mi modo de ver, aunque cada vez hay más empresas que se adaptan a la mujer, la conciliación familiar, los horarios más óptimos, los jefes comprensivos etc, este tema sigue siendo una Utopía.
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Mujeres millennials y no millennials también, ¿qué opináis?, ¿estáis de acuerdo?, ¿algo más que añadir? Yo me quedo con que, teniendo en cuenta a una minoría, generalmente las Millennials somos mujeres trabajadoras e independientes, buscamos continuamente el modo que más se acerque a la felicidad plena, valoramos los pequeños momentos con amigos, disfrutamos de una buena cena, un paseo, una copa de vino o de cualquier práctica que haga de nuestro poco tiempo de ocio algo perfecto, nos acoplamos perfectamente a los cambios tecnológicos, es más, cambiamos con ellos y, aunque queremos una vida tranquila, un piso propio, pasar tiempo con amigo y familia, viajar y no privarnos de experiencias y encontrar la persona adecuada con la que compartir nuestros gustos y manías y formar una familia (o no), nuestra mayor dificultad a día de hoy, a pesar de los progresos, gracias a la presión de las anteriores generaciones femeninas, reside en el éxito laboral y la conciliación familiar, no hay igualdad en este sentido y muchas tienen injusta situación de decidir hacia dónde decantar la balanza: familia vs carrera. Como decía Carrie Bradshaw, siempre pienso que no se pueden tener ambas cosas, a menos que hagamos algo por cambiarlo.

martes, 24 de octubre de 2017

Escritora frustrada

Ayer estaba muy cabreada como para escribir de forma racional, hoy el cabreo ha ido a menos, pero ha dejado sitio a la frustración y al desengaño.  Generalmente utilizo este blog para hablar de temas que, de algún modo, afectan directamente a la figura de la mujer. Pero bueno, si  quiero ponerme quisquillosa en ese sentido, la semana pasada comenzaba con la celebración del Día de la Escritora, algo que consideré como un amuleto como autora, ya que, la semana la cerré con la presentación oficial de mi segunda novela, Descubriendo a Carla, en Casa Del Libro Alicante, concretamente el viernes 20 de octubre.
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Para mí era un honor presentar mi novela con el supuesto respaldo de un gigante, en lo que a a librerías se refiere. El evento fue genial, hubo gente, se habló, se opinó, reímos… en fin, una experiencia muy buena. Al concluir la presentación me despedí del gerente de mi editorial y de mi editora, que me confirmaron que algunos ejemplares que ellos habían traído de Descubriendo a Carla se quedaban en la librería unos días como parte del proceso. Después hablé con un trabajador de Casa del Libro que me aseguró que sí, que los libros se quedaban durante una semana, al menos, y que estarían expuestos en la estantería de “actualidad”. Yo, confiada, me fui a hacerme un copazo de vino con mi marido y unos amigos para celebrar que la presentación había salido de p*** madre, contenta y feliz como una perdiz de saber que, se vendiera o no, mi libro iba a tener la oportunidad, durante unos días, de estar a la vista de mucha gente.
Ayer lunes, aprovechando que había quedado con una amiga para comer por Alicante centro y que ella no había podido ir a la presentación, nos acercamos a la susodicha librería, para que ella adquiriera uno de los ejemplares que temporalmente estaban ahí. Un inciso: el domingo no abrió la librería, por lo que el único día que había estado, hasta el momento, mi libro en la estantería de “actualidad” era el sábado. Mi amiga entró a Casa del Libro, yo me quedé fuera; al ver que tardaba, me asomé un momento y ella me hizo la señal de que esperara, en ese momento, creo que el dependiente con el que hablé el viernes y que estaba por allí me reconoció. Cuando mi amiga salió del establecimiento, lo hizo con las manos vacías. Según le había explicado el dependiente, que por su reacción de ¿bochorno? y sus largas explicaciones creo que me vio y me reconoció, al parecer hubo un error: un compañero suyo había hecho la devolución de los libros por equivocación (¿en serio? ¿después de tan solo un día laborable desde la presentación?), que se sentía fatal porque así no era como había quedado con la autora (o sea, yo) y que inmediatamente iba a pedir de nuevo a la editorial un libro para ella y, además, otros cuatro (uuufff, cuidado) para tenerlos durante unos días en estantería.
Por supuesto, tras escuchar la historia no me entraba ganas de otra cosa que no fuera la de ir a la tienda y montar un pollo en medio del local. Pero calma, Elena, se supone que las cosas no se solucionan así y solo voy a hacerme un flaco favor a mí misma; me costó contenerme, pero lo hice e inmediatamente llamé a mi editora para ponerla al tanto de todo esto, se supone que esa es la vía “adecuada”. Aunque debo decir que a veces una se cansa de hacer lo correcto.
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Después de todo esto, solo puedo sentirme engañada, estafada, timada por una de las grandes cadenas de librerías de nuestro país, donde se supone que quieren dar cabida a todos los autores posibles. Mentira. El hacer una presentación de una novela un viernes tarde-noche y que los libros ya no estén en la tienda un lunes a las 11 de la mañana no es por un error, es la intención de querer quitarse el muerto de encima y no contaban con que alguien fuera a preguntar por él. Si no eres un autor consagrado, un escritor que haya adquirido una rápida popularidad o una celebridad a la que le ha dado por escribir un libro, no eres digno de estar en sus locales. Yo creo que en estas librerías hay cabida para todos y todas, escritores y escritoras, consagrados o nóveles, populares o desconocidos, pero para eso, hay que reducir, un poquito, los grandes expositores publicitarios formados por libros de Ken Follet, los altares con la nueva biografía de Terelu Campos o las pirámides amontonadas de ejemplares de Ruiz Zafón para hacer un poco de hueco a otros escritores que merecen la oportunidad de ser vistos, y a la vez que digo esto, a mí me encanta comprar y leer obras de autores populares y consagrados, no estoy haciendo un complot contra ellos. 
Pero las grandes franquicias buscan eso, el negocio, la forma más rápida de hacer dinero, y se olvidan de lo más importante: el pedazo de alma, el esfuerzo y el cariño que un escritor deja en sus libros, durante su largo y difícil proceso de crearlos.
Casa del Libro, la librería de El Corte Inglés, Fnac etc…, tienen muchos medios para dar la oportunidad de que un libro tenga su pequeño espacio en una estantería, aunque sea durante una semana. Sin embargo, por mi experiencia, me he sentido muchísimo más arropada y bien tratada por las pequeñas librerías y papelerías con las que he contactado para distribuir mi novela que por todos esos grandes gigantes. Grandes, pero a mi modo de ver, huecos por dentro, sin identidad.

Espero que, en algún momento, los jefazos y gerentes de esas grandes cadenas de librerías recapaciten y que en un futuro los autores que apuesten por esas casas sean mejor tratados. Y ya puestos, espero que esta frustración que se puede sentir, si a otros escritores o escritoras les ha sucedido lo mismo que a mí, no les frene a la hora de seguir luchando por sus sueños.

domingo, 15 de octubre de 2017

Las que tardamos menos de 30 minutos en arreglarnos somos la resistencia

Hace varios días, una niña a la que le tengo mucho cariño me preguntó que si cuando era más jovencita era tan guapa como ahora y yo, a todo esto, descojonándome, porque nunca me he considerado guapísima de la muerte, siempre he dicho que soy del montón bueno.

Resultado de imagen de poco arregladaUna vez recuperada la seriedad le dije la verdad, “Mira, en los años en que yo iba al instituto, tenía la cara llena de granos, un pelo encrespadísimo y muy pocas ganas de mantenerlo a raya, llevaba braquets de punta a punta de mi dentadura (solo faltaba que por mi boca circularan los coches del escalestric), vestía con chándal todos los días porque me podía más la comodidad y no se me sumó lo de llevar las gafas de culo de botella porque meses antes había conseguido que me hiciesen las lentillas”. La cría que se quedó satisfecha, ¿tal vez aliviada?, con la respuesta, o bueno, eso pienso yo. Porque más de una seguro que agradece saber que no todo lo que se nos vende es real.
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Se supone que esta Barbie se va a dormir... Sin desmaquillar
Nunca he visto en un catálogo de juguetes a una Barbie (Cindy, Bratz, Nancy) con una estética en plan maruja o, simplemente, con ropa cómoda, si hasta cuando sacaban una de Barbie de “andar por casa” ésta iba con su camisón con encajes, un chándal con purpurina, jamás despeinada e incluso con el maquillaje de rigor (y sí, la del camisón, la que se va a dormir, también). Con la experiencia te das cuenta de que, si pones en práctica todos los métodos y momentos de maquillaje de Barbie, de la única forma en que puedes acabar es con unos ojos de oso panda, con un rastro que llega hasta las rodillas.
Pero la culpa de todo esto del ritual de acicalamiento intensivo, además de las muñecas que van pintadas como puertas, es de las dichosas series de TV de instituto. Compañeros tira que va, eran algo más normalitos, pero en Al salir de clase te vendían que con 17-18 años podías ir al instituto, tener un fondo  de armario increíble, llevar siempre una dentadura perfecta y, por tanto, ninguna necesidad de ponerte aparato, problemas y tiempo para cualquier cosa menos para estudiar y responsabilidades como trabajar en un bar después de las clases y compartir piso con otros adolescentes, sin planearnos ni siquiera cómo leches se las apañaban para pagar el alquiler, ese fondo de armario, las fiestas, las mechas y cortes de pelo etc. ¿Y el acné? Como si lo hubieran exterminado. Física o química ya fue el acabose, para qué hablar más.
Las películas rollo americanada de instituto también han tenido mucha culpa para que las adolescentes tengan esa presión de ir al instituto no como adolescentes, sino como mujeres: el mismo plan que Al salir de clase de “la vida es tan fácil cuando estudias y juegas a ser adulto a la vez”. Al menos no todo es así, hay películas como Chicas Malas que, a modo de parodia, explican la auténtica  fauna que se mueve por los institutos: las crueles abejas reina, las empollonas, las gorditas, las frikis asiáticas, las marimacho…, en esta cinta, el papel de la jodidamente estropeadísima Lindsay Lohan es buenísimo, porque se mete en la piel de una cría normal, ingenua, fuera de onda tirando a rarita y que defiende su gran personalidad, pero que inevitablemente acaba siendo absorbida por los cánones de belleza que marca esa sociedad estudiantil, terminando por ser, sin darse cuenta, una pequeña zorra materialista sin personalidad.
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(Al salir de clase) Se supone que estos eran "adolescentes"
Recuerdo como si fuera ayer mis días de instituto, todavía éramos muchas las que escapábamos de las frivolidades propias de mujeres adultas y sacrificábamos el maquillaje mañanero y el alisado de pelo con plancha por un rato más en la cama. Es que, joder, teníamos 15 años. Después se abrió ante nosotras el gran templo de Bershka, las que conseguían trabajo allí para las campañas de Navidad y rebajas eran las putas amas, porque comenzaban a tener ropa a gogó e iban divinas de la muerte, el resto éramos unas pringadas que no cumplíamos con el perfil de lo que empezaban a pedir nuestros círculos sociales y nuestra ropa ya era de risa. Hoy en día se siguen percibiendo lo que fuimos y en cuál de esos estratos o capas nos encontrábamos. Por ejemplo, yo sigo apurando mis horas de sueño, por lo que tengo que arreglarme para ir a trabajar en cero coma, por lo que el resultado de mi aspecto estético es normalito; a la hora de arreglarme para salir a cenar mi tiempo récord se equipara más a o menos al que tarda mi marido, así que haceos una idea…; y, generalmente, cuando tengo que ir a una boda o algo por el estilo, suelo ser como Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como, es decir, yo me maquillo, yo me hago el pelo. Las que, por el contrario, en sus años mozos tenían complejo de La Juani de Bigas Luna, hoy necesitan mucho más maquillaje, más modelitos, más uñas postizas y más (tiempo) de todo lo que tenga que ver con la chapa y pintura corporal, esto es como la droga, siempre necesitarán más.
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La resistencia 
Las que formábamos (y seguimos formando) la resistencia y representamos el tercermundismo del acicalamiento y la estética somos como las meigas: haberlas ailas, pero vamos quedando menos. 

jueves, 28 de septiembre de 2017

Las mariposas saudíes por fin pueden volar

Va a sonar ridículo esto, porque es como si dijera que las mariposas por fin pueden volar, pero es cierto, pleno siglo XXI: “Las saudíes acarician un derecho histórico, poder colocarse al volante en las calles”. Bueno, se me ha olvidado comentar el pequeño detalle de que esta revolucionaria reforma la ha aprobado el rey Salman bin Abdelaziz de Arabia Saudí: la orden de despachar permisos de conducir a las mujeres entrará en vigor el próximo junio de 2018.
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Esto es todo un logro para las mujeres del reino que durante años han reivindicado este derecho tan fundamental como es el de tener la libertad de desplazarse por sí misma, sin depender de nadie, sobre todo si tenemos en cuenta que viven en la patria del wahabismo, una radical interpretación del islam que ha sido caldo de cultivo de organizaciones como Al Qaeda o el autodenominado Estado Islámico.
El rey Salman ya ha formado un comité para reformar la normativa de tráfico y llevar a cabo todo ese protocolo que debe seguir la aprobación de una norma, y así asegurarse de que las mujeres conductoras puedan ejercer su derecho “con igualdad”. Ahí siento discrepar, pero si yo tengo que conducir envuelta de arriba abajo, con media cara tapada por una túnica negra, que no solo te achicharra de sudor, sino que te puede reducir el campo de visión y la capacidad para maniobrar, frente a un hombre que puede ir vestido como le salga del pito, ahí no veo igualdad alguna, pero bueno, eso ya sería otra lucha, ¿no?
Tampoco creáis que este trascendental cambio se deba a que a la agencia estatal le haya dado un ataque de feminismo extremo, ¡qué va! Si cuando se explicaron los motivos de este cambio de parecer, se centraron principalmente en las “consecuencias negativas” que acarreaban el hecho de que una mujer tuviera que desplazarse a un lugar que requiriera de un vehículo, provocando unas continuas ausencias de los hombres en su puesto de trabajo al tener que llevarlas o un gasto extra al tener que contratar un chófer o un taxista para pasear a la mujer. Así que, por mucho que lo vendan como un progreso feminista, a éstos lo que en realidad les ha movido ha sido sus propios intereses. Eso sí, esta medida revolucionaria serán apoyadas por los ulemas siempre y cuando se respeten "las garantías de la sharía (legislación islámica) para evitar problemas". No sé qué problemas puede dar una mujer conductora.
Pero parece que Arabia Saudí está madurando un poco. Recientemente, un clérigo fue apartado de la predicación después de asegurar en público que las mujeres no deberían conducir porque sus cerebros representan apenas un cuarto del tamaño del masculino cuando van de compras (creo que tomó como ejemplo el tamaño de su pene para calcular esta gilipollez). Parece que poco a poco se va avanzando en un país donde a las mujeres se les trata como a niñas a lo largo de todas sus vidas, convenciéndolas de que son incapaces de hacer nada por sí mismas: ahora el permiso de conducir, anteriormente la inclusión de la educación física en el currículo de las escuelas femeninas y, hace unas semanas, el acceso de las mujeres a los estadios de fútbol. Es de locos, pero tampoco podían entrar a un campo de fútbol.
El pasado noviembre el príncipe y multimillonario Al Waleed bin Talal fue el primer miembro de la realeza saudí en romper una lanza por las mujeres saudíes y abogar por la erradicación de la prohibición. "Ya es hora de que las saudíes empiecen a conducir. Es hora de que pasemos página en este asunto como hicimos en decenas de otros temas en este país y en el mundo a lo largo del último siglo", publicó en su página web. Esto es toda una osadía, tratándose de un reino en el que hay una gran segregación entre sexos, favoreciendo claramente al masculino y pisoteando al  femenino.
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En los últimos años, la primavera árabe ha sido el escenario para que un grupo de mujeres saudíes se pusiera al volante y desafiara a este sistema patriarcal y homófobo, fotografiándose en los coches y asumiendo el posterior castigo."Impedir que una mujer conduzca un vehículo es hoy un asunto de derechos similar al que evitaba que recibieran educación o tuvieran una identidad independiente", escribió el príncipe “progre”. "Son -agregó- actos injustos de una sociedad tradicional, mucho más restrictiva de lo que por ley permiten los preceptos de la religión".
A pesar de los progresos, las saudíes siguen enfrentándose a una ubicua discriminación. No pueden trabajar, practicar deporte, estudiar, someterse a una intervención quirúrgica, casarse, alquilar un apartamento, matricular a sus hijos en un colegio, abrir una cuenta bancaria, deambular por la calle o viajar sin el permiso de un tutor varón (mahram), ya sea progenitor, cónyuge, hermano o incluso vástago.

Resultado de imagen de saudies al volante mujeresLas primeras reacciones a la noticia de la libertad femenina de conducir han sido precisamente de las mujeres que se convirtieron en el icono de la lucha por ir al volante. Manal al Sharif, una de las principales activistas de la campaña de la primavera árabe que sufrió cárcel tras desafiar el veto, ha escrito en twitter: "último país del planeta que permite conducir a sus mujeres". Es que es cierto, cuesta sacar de una misma una reacción eufórica, comparada con la de haber hecho algo pionero, cuando es una práctica más que habitual en el resto del mundo.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Cuando llega el perdón

Clemencia, compasión, benignidad, piedad, tolerancia, indulgencia. Hay tantas formas de ponerle nombre al perdón y tan fácil de explicar lo que significa. Pero ponerlo en práctica es realmente difícil, decir “te pido perdón”, lo puedo asegurar, incluso cuando dices “te perdono”, pocas veces es un acto real al cien por cien. ¿Por qué? Pues muy fácil, porque el perdón va precedido de muchas clases de sentimientos y fases emocionales y las emociones no se controlan.
Imagen relacionadaSe ha hecho  que Brad Pitt, después de doce años, le ha pedido perdón a Jennifer Aniston por todo el dolor que le causó cuando la abandonó tras enamorarse de Angelina Jolie durante el rodaje de una película y por no haber sido el marido que ella se merecía. Al parecer, el hecho de encontrarse en un momento trascendental en su vida ayuda a ver mejor lo errores del pasado, recapacitar e intentar deshacer el daño. Obtener la indulgencia de la otra persona ayuda a encontrar la paz para seguir adelante. Entonces, ¿esto sería una disculpa real y sincera o un acto egoísta para sentirse mejor consigo mismo? De ahí la complicación de que ese perdón no sea de “baja calidad”.
¿Y perdonar? ¿Qué ganas con eso? ¿Ser una buena persona? Ahí está: el que perdona también busca, en parte, encontrar una especie de purga emocional que le permita hacer las paces con el pasado y acabar con esos sentimientos de rabia, busca su propio bienestar al fin y al cabo.
El perdón es egoísta entonces… ¿O qué?
Es complicado, porque sinceramente yo soy la primera a la que le cuesta perdonar, y mucho más olvidar, y tal vez por eso me es tan difícil creer que a una persona, cuando le han hecho tanto daño y el perdón le llega tan tarde, sea capaz de hacer borrón y cuenta nueva así, sin más. A lo mejor sí que es cierto que el tiempo contribuye a ablandar el rencor.
Lo que sí que no es cierto es eso de “yo perdono, pero no olvido”. No, perdona (y nunca mejor dicho), pero si no olvidas es que no has perdonado. No sé por qué perdonamos si no estamos preparados, total, no creo que nos vayamos a ganar el cielo por eso, creo que es mejor que llegue esa capacidad de perdonar sincera, y si no llega, oye, qué le vamos a hacer.
¿Somos malas personas por no perdonar? No sé. ¿Nos envenenamos por dentro cuando somos incapaces de conceder ese perdón? Pues puede. Pero la persona agraviada es la que tiene la última palabra; si decide no perdonar, hay que respetarlo. Siempre es mejor un acto de sinceridad.
A veces, a las personas que piden perdón se les ve el plumero, porque lo hacen esperando una respuesta positiva para ellos y cuando no la consiguen, se sienten agraviados (como si cambiaran las tornas). El que pide perdón debe hacerlo desinteresadamente, respetando la otra respuesta, sea o no de su gusto.
Pedir perdón es complicado, perdonar, mucho más si cabe. Pero detectar la sinceridad en ambos actos, eso sí que es difícil.
El post es cortito, pero porque más que para leer, es para la reflexión que viene después...

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Los ángeles de la Muerte

Prostitutas nigerianas que malviven en condiciones infrahumanas, cobrando a los turistas y a los ciudadanos de la zona dos dólares por ofrecer sus servicios sexuales y su cuerpo. Las llaman los "Ángeles de la Muerte" y las puedes encontrar en el barrio de Badia, en la ciudad de Lagos, Nigeria. ¿Por qué “de la muerte”? Si al penoso y miserable panorama que rodean sus vidas les añadimos la enfermedad del SIDA, la palabra “muerte” ya lo dice todo.
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No es una novedad encontrar situaciones de estas en otros lugares del mundo: mujeres hacinadas en pequeñas y sucias habitaciones sin unos mínimos de higiene y ventilación, distribuidas en un pasillo de tablas de madera vieja mientras ellos esperan su turno. ¿Más? Esas mujeres pueden amanecer en una cama deshecha y mugrienta por el continuo ir y venir de todos los hombres que lo deseen durante la noche, para que ese mismo infierno de explotación sexual continúe su marcha normal durante el día.

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Estas mujeres, que no dejan de ser víctimas de una sociedad machista y esclavista y en un país subdesarrollado, pueden resultar igual de placenteras que de mortíferas para sus clientes, porque por sus venas corre una sangre infectada por esta enfermedad de transmisión sexual que tantas vidas se ha cobrado y sigue cobrándose. Sexo sucio y peligroso, porque ellos, los clientes, son conscientes de que estas prostitutas están infectadas del virus del SIDA, y sin embargo les da igual, muchos ni siquiera utilizan preservativo y no hay nadie que les vaya a obligar a hacerlo, aunque sea por prevención para otras personas que no tienen por qué tener nada que ver con este mundo. Este descontrol se traduce en embarazos y más infecciones.
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El taxista que guió hasta este barrio a Ton Koene, el fotógrafo que ha documentado las miserias humanas de esta pequeña parte del mundo le dijo a éste: "Las muchachas de ahí, cuanto más bonitas y más jóvenes, son más caras. Los hombres las visitan como si estuvieran caminando por un supermercado". Y esto no es todo, las aberraciones no son solo el utilizar el cuerpo de una pobre mujer malnutrida e infectada de VIH, pagando una miseria y sin poner medios para no infectarse ellos mismos; dicen que los hombres pagan más por las mujeres más pequeñas, o seamos francos, niñas. Algunas de ellas han contado que también las "visitan los blancos, casi siempre gordos y feos, pero son los que tienen más dinero".
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Nigeria tiene una población de 174 millones de habitantes y es el tercer país con mayor número de personas con sida en el mundo. De acuerdo con un estudio realizado por el Centro Nacional de Biotecnología, cerca de 2,9 millones de personas padecen esta enfermedad, y uno de los focos más peligrosos y descontrolados se encuentran ahí, donde los ángeles de la muerte.

Resultado de imagen de angeles de la muerte nigerianasEl trabajo fotográfico de Ton Koene no es morbo, ni pornografía, ni la plasmación artística de un lugar o un rostro. Es la puta realidad reventándonos en la cara, a nosotr@s, que estamos tan tranquil@s en nuestras casas, tumbad@s en nuestros sofás después de una jornada laboral agradable e incluso monótona, sin ser conscientes de que en algún lugar de Nigeria, existe toda esta mierda y nadie hace nada por evitarlo, porque es muy cómodo mantener un negocio sexual tan rentable en un país tan miserable para los turistas atraídos, aunque la sombra de la Muerte aceche en esos pasillos y en esas habitaciones. Ellas, los Ángeles, solo sobreviven. 
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